La Paz Verdadera en medio de la Tormenta

Elizabeth Herrera

En el evangelio según Juan, capítulos 19 y 20, encontramos uno de los momentos más trascendentales para la fe cristiana: la crucifixión y la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Lo que para muchos parecía el final, en realidad era el comienzo de la esperanza eterna.

Aquel día había sido profundamente doloroso para los discípulos. Habían visto cómo Jesús, aquel a quien seguían y amaban, fue llevado a la cruz. Sus corazones estaban llenos de tristeza, miedo y confusión. Ellos aún no comprendían completamente qué era necesario que Cristo muriera y resucitara para traer salvación al mundo.

La mañana de la resurrección comienza con María Magdalena acercándose al sepulcro. Al ver removida la piedra y notar que el cuerpo del Señor no estaba, su corazón se llenó de angustia. Corrió rápidamente donde Simón Pedro y los demás discípulos para contar lo sucedido. Todos estaban desconcertados.

Sin embargo, María permaneció allí, junto al sepulcro vacío. Mientras lloraba, vio a dos ángeles y luego a un hombre que ella pensó que era el encargado del lugar. Jesús le preguntó: “¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?”. María, sin reconocerlo todavía, respondió con desesperación buscando a su Señor.

Pero todo cambió cuando Jesús pronunció su nombre: “¡María!”

En ese instante, ella lo reconoció. La tristeza se transformó en gozo, la desesperanza en fe, y el dolor en una profunda alegría. Bastó una sola palabra del Señor para cambiar completamente su corazón.

Jesús trae paz en medio del miedo

Más tarde, ese mismo día, los discípulos estaban reunidos a puertas cerradas. El temor los dominaba. Tenían miedo de correr la misma suerte que Jesús y se encontraban escondidos, llenos de incertidumbre.

Entonces ocurrió algo maravilloso: Jesús apareció en medio de ellos.
Y las primeras palabras que pronunció fueron:

“Paz a vosotros.”

El Señor conocía el estado de sus corazones. Sabía que estaban angustiados, temerosos y confundidos. Por eso, antes de cualquier instrucción o enseñanza, les entregó paz.

Luego les mostró sus manos y su costado, las marcas de la cruz, confirmando que verdaderamente había resucitado. Al verlo, los discípulos se llenaron de gozo y esperanza.

Jesús volvió a decirles:

“Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.”

Con estas palabras, el Señor no solo los consolaba, sino que también les daba una misión: anunciar el evangelio y testificar de la resurrección. Sabía que enfrentarían dificultades, persecuciones y pruebas, pero también sabía que no estarían solos.

Por eso sopló sobre ellos y les dijo:

“Recibid el Espíritu Santo.”

La paz que solo Cristo puede dar

El mundo define la paz como la ausencia de guerra o problemas. Pero la paz del Señor es mucho más profunda. No significa vivir sin dificultades, sino tener tranquilidad aun en medio de la tormenta.

La paz de Cristo sostiene el corazón cuando llegan las pruebas. Es esa calma interior que permanece aún cuando todo alrededor parece derrumbarse. Es la certeza de que Dios sigue teniendo el control.

Muchas veces, al igual que los discípulos, podemos sentir miedo, ansiedad o incertidumbre. Pero Jesús hoy también se acerca a nosotros y nos dice:

“Paz a vosotros.”

Qué hermoso recordar que, gracias a la muerte y resurrección de Cristo, hoy podemos vivir confiados y sostenidos por el Espíritu Santo.

Reflexión final

Si estás pasando por momentos difíciles, no busques primero la paz que ofrece el mundo. Busca la presencia del Señor. Porque cuando Cristo entra en el corazón, trae una paz verdadera, profunda y eterna.

Así como María reconoció a Jesús cuando Él la llamó por su nombre, también hoy el Señor sigue llamando a cada uno de nosotros para llenarnos de esperanza, fe y paz.

Que en medio de cualquier dificultad podamos recordar esta verdad:
Jesús vive, y su paz está para todos aquellos que le buscan.

Juan 20:21

Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.

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