Las salida – Clase 12
Éxodo – Bitácoras
Pastor Luis Herrera G.
Les comparto aquí un resumen de lo que estudiamos.
El escenario: el Bajo Egipto y la tierra de Gosén
Empecemos por el mapa. Allí vemos el río Nilo, que desemboca en el Mediterráneo formando una gran red de canales y ramificaciones: el Delta. Esa zona se conoce como el Bajo Egipto, y fue precisamente allí donde habitaron los hebreos. Los egipcios la llamaron la tierra de Gosén.
Me parece muy revelador que los hebreos fueran ubicados en ese rincón del oriente del Delta, casi como una forma de apartarlos de los grandes centros urbanos. Recordemos que los hebreos eran pastores de ovejas, y para los egipcios el oficio de pastor era una abominación. Los arrinconaron, sí, pero esa tierra era excelente para el sembrado y para el pastoreo. Así que, más que una zona de castigo, Gosén fue un lugar donde los hebreos prosperaron enormemente.
El libro de Éxodo menciona dos ciudades principales: Pitón y Ramsés. Eran ciudades de almacenaje, con silos donde se guardaba el grano, y allí los hebreos fabricaban ladrillos como esclavos. Pero hay un tercer nombre, que aparece en la versión Kadosh del texto: Heliópolis (On). Eso nos muestra que el espacio habitable de los hebreos era mucho más amplio de lo que pensamos, llegando hasta Heliópolis, donde el Nilo comienza a bifurcarse.
Una cuestión de fechas
Los nombres de Pitón y Ramsés han llevado a algunos a sostener que el éxodo ocurrió en tiempo de Ramsés, es decir, durante la dinastía 19. Como ya hemos visto, yo no comparto esa postura. Creo que el éxodo ocurrió mucho antes, hacia la mitad de la dinastía 18.
Mi razón principal es esta: si el éxodo hubiera sido una salida tardía, hacia el siglo XI, los hebreos habrían llegado a Canaán cuando ciudades como Jericó ya llevaban mucho tiempo destruidas. La conquista sería entonces un mito, porque no habría habido nada que conquistar. Además, otras ciudades de la época apenas estaban habitadas. Por eso pienso que el éxodo fue anterior.
Debo ser honesto con ustedes en un punto: «Ramsés» no es el nombre de un solo faraón. La dinastía 19 se llama ramésida porque casi todos sus reyes se llamaban así. Decir que el texto se refiere específicamente a Ramsés II me parece prematuro. Es verdad que el tiempo de mayor esplendor, con Ramsés I, su hijo Seti y luego Ramsés II, calzaría con las ciudades de almacenaje. Por eso, algunos piensan que las obras de los hebreos corresponderían a ese periodo. Yo lo dejo en el terreno de la duda. Lo que no cambia es que Pitón y Ramsés fueron los lugares donde se concentró el mayor número de hebreos esclavizados.
Las primeras estaciones: Ramsés, Sucot y Etam
El orden de salida lo encontramos en Éxodo 12:37: «Partieron los hijos de Israel de Ramsés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños». Ese número se refiere a hombres de veinte años en adelante, los que se registraban en los censos y eran capaces de empuñar un arma. No se contaba a las mujeres ni a los menores. Es un recordatorio de lo enorme que fue esta salida: estamos hablando de una multitud de cerca de dos millones de personas.
Ramsés. Es la primera ciudad del viaje. Fue construida por los esclavos hebreos y se la relaciona con Avaris, más tarde llamada Tanis o Soán, cerca de la cual se ubica. Allí, en tiempos posteriores, la «Casa de Ramsés» fue residencia real.
Sucot. Su nombre significa «enramadas» o «chozas». Estaba en una zona alimentada por los ramales del Nilo, con lagos de agua dulce, abundancia de juncos y cañaverales, e incluso pequeños oasis con palmeras. Los lagos se llenaban con el agua de los wadis, esos ríos que están secos casi todo el año pero que se llenan en invierno.
Etam. Éxodo 13:20 dice que partieron de Sucot y acamparon en Etam, «a la entrada del desierto». Más que una ciudad, parece ser una región ubicada entre el lago Timsá y el Gran Lago Amargo, en el extremo oriental del Wadi Tumilat. Su ubicación exacta no se ha identificado con certeza. Sabemos que se la entiende como una porción del desierto del sur, entre la frontera egipcia y Mara.
Hay una teoría que ubica Etam en el golfo de Aqaba, cerca de Eilat. Eso significaría que Israel cruzó todo el Sinaí en diagonal. Más adelante les cuento por qué esa idea me parece improbable.
Por qué no por el norte
Algunos proponen que los hebreos salieron por el camino del norte, la ruta hacia la tierra filistea. Pero el propio texto lo descarta. Éxodo 13:17-18 dice que Dios no los llevó por el camino de los filisteos, aunque era el más cercano, «para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra y se vuelva a Egipto». Y añade que Dios hizo que el pueblo rodeara por el camino del desierto del Mar Rojo.
Fíjense qué ternura hay en esa decisión. Este pueblo no era un ejército. Eran campesinos, labriegos, gente que trabajaba con el ganado. Aprenderían a defenderse durante el viaje, pero acababan de salir. El camino del norte era una carretera principal, fuertemente defendida, y el Señor, que conoce nuestras fuerzas, no los expuso a una prueba para la cual aún no estaban listos.
Y no iban solos. El texto nos dice que Jehová iba delante de ellos, de día en una columna de nube y de noche en una columna de fuego. Nunca se apartó la columna del pueblo. La providencia iba con ellos para cuidarlos.
Pi-Hairot, Migdol y Baal-sefón
Llegamos a la cuarta estación: Pi-Hairot, justo antes del cruce del mar. El orden de las estaciones en el libro de Éxodo es categórico, así que sabemos que viene después de Etam y antes del cruce.
El nombre se ha interpretado como «lugar donde crecen los juncos» o «la boca de las gargantas», lo que concuerda con la vegetación de esta zona. Hay quienes piensan que podría designar la desembocadura oriental del Wadi Tumilat, y el profesor Kitchen sugiere que se trataría de la boca de un canal de irrigación. Reconozco que esto es una suposición. He colocado en el mapa la ubicación que me parece más cercana al relato.
Quiero compartirles un dato que me parece muy bonito. La mayoría de las estaciones del desierto no tenían nombre. Los hebreos caminaban dos, tres o cuatro días, llegaban a un lugar donde descansaba todo el grupo y, cuando salían de allí, ese lugar ya tenía un nombre, y el nombre lo daba la experiencia vivida. Mara significa «aguas amargas» porque allí encontraron aguas amargas. Pi-Hairot recibió su nombre por los juncos. Los nombres quedaron grabados porque el pueblo de Dios pisó esos lugares.
Éxodo 14:2 nos da dos referencias geográficas: «acampen delante de Pi-Hairot, entre Migdol y el mar, hacia Baal-sefón». Baal-sefón significa «señor del norte» y se menciona de nuevo en Éxodo 14:9 y en Números 33:7. Migdol, que significa «torre», se asocia con un lugar entre Gebel Ataqa y el Gran Lago Amargo. Con estos dos puntos de referencia, el texto está ubicando Pi-Hairot casi en el centro, en un punto neurálgico donde convergen caminos importantes.
¿Mar Rojo o Mar de Juncos?
Aquí llegamos a algo muy interesante. En hebreo, el nombre es Yam Suf, que significa «mar de juncos» o «mar de cañas». La palabra «rojo» no está en el hebreo.
¿De dónde viene entonces? De la traducción griega. Se cree que la Septuaginta fue escrita en Alejandría, Egipto, alrededor del año 275 a. C., en tiempos de los Ptolomeos, por judíos. En lugar de traducir yam (mar) y suf (junco), escribieron erythra thalassa, «mar rojo». La Vulgata siguió el mismo camino con Mare Rubrum, y así llegó hasta nosotros.
Algunos han sugerido que el mar se llama «rojo» por los atardeceres. Y debo decirles que, habiendo estado en Eilat, frente al golfo de Aqaba, con aguas cristalinas llenas de peces multicolores, he visto cómo el agua parece teñirse de rojo al atardecer. Es un espectáculo hermoso. Pero esa no es la razón del nombre, ni tampoco hubo algas que lo tiñeran, porque entonces no existiría la fauna marina que hay allí. Los lugares se identificaban por lo que producían o los caracterizaba, y Egipto, la tierra del papiro, estaba lleno de juncos.
Esto nos plantea una doble lectura sobre el cruce. No necesariamente se trata del mar abierto como lo imaginamos hoy, sino quizá de una zona lacustre y pantanosa en los inicios del Mar Rojo, o dentro de uno de aquellos grandes lagos. Y esto tiene sentido práctico. Un lugar de aguas someras, y no un enorme corredor entre murallas altísimas, resulta más coherente para que dos millones de personas lo atravesaran con un ejército pisándoles los talones. Pero quiero ser claro: no por eso fue menos milagroso. Que un pueblo entero cruzara en seco con el ejército de Faraón detrás es obra de Dios, sea cual sea el lugar exacto.
El pasaje clave es Éxodo 14:16: «Alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo; y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco». Los invito a marcarlo en su Biblia como la quinta estación.
Las teorías sobre la ruta
Hay cuatro propuestas principales sobre el trayecto, y conviene conocerlas.
1. La ruta del norte. Por el camino filisteo, bordeando el Mediterráneo hacia Pelusio. Ya la descartamos, porque contradice directamente Éxodo 13:17.
2. La ruta central. Cruzando un cuerpo de agua en la región del Lago Amargo, famosa por sus pantanos y cañaverales. Tiene a su favor que la Biblia hebrea habla del «Mar de Cañas» y que el área ha cambiado poco en 3500 años, aunque el canal de Suez habría hecho alguna diferencia.
3. La ruta del sur. La que yo asumo. Los hebreos cruzan en la zona de Pi-Hairot, luego costean el Sinaí hasta Mara y siguen hacia el monte Sinaí en la parte meridional de la península. Esta ruta cuadra con la tradición antigua, que ubica el Sinaí cerca del monte de Santa Catalina, donde está el gran monasterio, donde se halló el famoso Códice Sinaítico y que fue levantado bajo el impulso de la madre de un emperador romano. Esa cercanía con la historia antigua de los primeros padres me parece significativa.
4. La ruta por el golfo de Aqaba. Esta teoría propone que los hebreos cruzaron el Sinaí en diagonal, unos 300 kilómetros en tres días, y atravesaron el golfo de Aqaba, cerca de Eilat. El monte Sinaí estaría entonces en Arabia, cerca de Madián, donde vivía Jetro, suegro de Moisés. Hay quienes proponen incluso una variante.
¿Por qué me parece improbable esta cuarta teoría? Primero, 300 kilómetros en tres días, por un desierto que mata a cualquiera, con dos millones de personas, ganado, carros, niños y camellos, requiere mucha fe, y más que fe, ignora lo que dice el texto. Segundo, entre Ramsés y el Sinaí el texto registra catorce estaciones. En esta teoría muchas de ellas deberían aparecer en un orden distinto, lo que implicaría que el libro está escrito en desorden. Y yo creo que el orden de las estaciones en Éxodo es deliberado, tal como Moisés lo presentó. Tercero, esas estaciones quedarían en lugares desconocidos. Aunque, por cierto, esa región del Arabá sí tuvo caminos egipcios que llevaban a las minas de cobre. Estuve allí con mi familia a principios de este año. Eilat es la ciudad más austral de Israel y allí están las minas que se atribuyen al rey Salomón, y además una réplica del tabernáculo a tamaño real, hecha con madera de acacia, un árbol chueco que no parece prometer nada, y sin embargo sirvió para muebles bellísimos. Ya les mostraré esa escena cuando lleguemos a ella.
Después del cruce: rumbo a Mara
Una vez cruzado el mar, los hebreos avanzaron con prisa por la costa hacia el sur, hasta Mara, el lugar de las aguas amargas. Es un tramo largo, y tiene su explicación: todo ese territorio, incluida la península del Sinaí, era aún dominio egipcio, y el ejército podía tomar otra ruta. Los hebreos apuraron el paso. Ya en el Sinaí el paisaje cambia: desierto, roca, caravanas de camellos.
Las estaciones completas entre Ramsés y el Sinaí, según nuestra ruta, son: Ramsés, Sucot, Etam, Pi-Hairot, el Mar Rojo, Mara, Elim, el desierto de Sin, Dofca, Alús, Refidim y el desierto de Sinaí. Les pido que las anoten con lápiz en su Biblia y vayan añadiendo, porque cada una tiene historias extraordinarias.
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