Las ciudades en Egipto – Clase 5

Éxodo – Bitácoras

Pastor Luis Herrera G.

Los hebreos en Egipto: en busca de la fecha del Éxodo

Resumen de la clase 5 de nuestro estudio bíblico

Introducción: la llegada de los hijos de Jacob

En esta quinta clase de nuestro estudio quise partir leyendo con ustedes Éxodo 1:1-14, donde se nos narra la llegada a Egipto de los hijos de Jacob (Israel) junto a sus familias, y cómo su descendencia «se multiplicó y se llenó de ellos la tierra.» Tras la muerte de José y de toda aquella generación, surgió en Egipto un nuevo rey que no conocía a José y que, temeroso del crecimiento del pueblo hebreo, decidió oprimirlo con dura servidumbre: construcción de ciudades de almacenamiento como Pitón y Ramsés, trabajo forzado con barro y ladrillo, y cargas cada vez más pesadas.

Este pasaje nos plantea la pregunta que quiero que resolvamos juntos en esta clase: ¿en qué momento exacto de la historia ocurrieron estos hechos, y cuándo salió realmente el pueblo de Israel de Egipto?

Dos teorías sobre la fecha del Éxodo

Como les mencioné en una clase anterior, la cronología bíblica y la egiptología nos ofrecen dos hipótesis principales:

  • Teoría de la salida temprana (siglo XV a.C.): la más tradicional y conservadora, apoyada en un texto bíblico específico.
  • Teoría de la salida tardía (siglo XIII a.C.): vinculada al reinado de los faraones Ramsés, y popularizada por el cine (películas como Los Diez Mandamientos o El Príncipe de Egipto).

Quiero que nos detengamos hoy en la primera teoría, a partir de un texto que me parece clave para esta investigación.

La clave cronológica: 1 Reyes 6:1

Les pedí que abrieran su Biblia en 1 Reyes 6:1, porque es un pasaje que señala una fecha muy precisa:

«En el año 480… después que los hijos de Israel salieron de Egipto… en el cuarto año del reinado de Salomón… comenzó él a edificar la casa de Jehová.»

Este versículo nos permite hacer un cálculo casi matemático: si conocemos el año en que Salomón —quien reinó 40 años, heredando de su padre David el proyecto del templo— comenzó a construir el templo, nos basta con restar 480 años para llegar al año exacto de la salida de Egipto.

Ubicando el reinado de Salomón entre los años 970 y 930 a.C., su cuarto año de reinado correspondería aproximadamente al 966 a.C. Restando los 480 años mencionados, la salida de Egipto se ubicaría alrededor del año 1446 a.C., durante la dinastía 18 de Egipto (correspondiente al período de los faraones Tutmosis y Amenofis).

Debo mencionar, con honestidad, que algunos estudiosos consideran que estos «480 años» no son una cifra histórica literal, sino un número simbólico que representaría 12 generaciones. Sin embargo, en lo personal me inclino por tomar el texto en su sentido cronológico directo.

Dos faraones, no uno

Quiero que quede claro un punto importante: en el relato del Éxodo debemos distinguir entre dos faraones diferentes:

  1. El faraón opresor (Éxodo 1): el que no conoció a José y sometió a los hebreos a la esclavitud.
  2. El faraón del Éxodo (Éxodo 5 en adelante): aquel ante quien se presentaron Moisés y Aarón, y durante cuyo reinado ocurrieron las diez plagas y la salida del pueblo.

Entre ambos faraones media un largo período de tiempo, lo que nos obliga a ubicar correctamente en la línea histórica de Egipto a cada uno de ellos.

La incertidumbre de las fechas egipcias

Quiero hacer aquí una pausa importante, porque me parece necesario ser honestos: si bien el calendario egipcio es internamente muy preciso, traducir sus fechas a nuestro calendario actual genera una incertidumbre considerable. Como ejemplo, les mostré cómo distintos egiptólogos (Redford, Grimal, Kitchen, entre otros) atribuyen al faraón Ramsés I fechas de reinado que varían hasta en 200 años entre sí.

Me gusta trazar aquí un paralelo con la fecha de nacimiento de Cristo: aunque hoy sabemos que Jesús nació aproximadamente en el año 5 a.C., esto se debe a un desfase en los sistemas de calendario antiguos (romano y hebreo), no a un error real sobre el hecho en sí.

La dinastía 18: el Imperio Nuevo

Los hechos del Éxodo se ubicarían dentro de la dinastía 18 de Egipto, que dio inicio al llamado «Imperio Nuevo» tras la expulsión de un pueblo extranjero conocido como los hicsos (a veces confundidos erróneamente con los hebreos, aunque, como les expliqué, se trata de grupos distintos y de épocas diferentes). Este período —entre los años 1550 y 1069 a.C. aproximadamente— fue de gran prosperidad, unificación territorial y esplendor cultural, y es una de las dinastías egipcias mejor documentadas históricamente.

Dentro de esta dinastía quiero destacarles tres faraones cuyo perfil histórico coincide de manera llamativa con los relatos bíblicos:

Amenofis II — el posible faraón del Éxodo

  • No era primogénito, lo cual resulta significativo si se considera la décima plaga (la muerte de todo primogénito de Egipto).
  • Fue conocido por su crueldad y su carácter sádico, coherente con el perfil del faraón opresor bíblico.
  • Su momia, conservada en el Museo Egipcio de El Cairo, es la única entre los faraones que presenta marcas y protuberancias en todo el cuerpo, lo que ha llevado a algunos a relacionarlo con la plaga de úlceras o sarpullido descrita en Éxodo.

Tutmosis IV — hijo de Amenofis II

  • Tampoco era primogénito, y en una inscripción conocida como la «Estela del Sueño» (grabada en las patas de la Esfinge de Guiza) declaró públicamente haber sido investido por designio divino, ya que el trono no le correspondía originalmente. Este detalle encaja con la idea de que el heredero legítimo (primogénito) habría muerto en la décima plaga.

Amenofis IV (Akenatón) — el faraón «monoteísta»

  • Es quizás el faraón más famoso de la dinastía. Rompió radicalmente con el politeísmo egipcio tradicional (el culto al dios Amón) para instaurar el culto exclusivo al dios solar Atón.
  • Construyó una nueva capital, Amarna, ciudad que —según el historiador egipcio Manetón— estaría vinculada a la figura de Moisés.
  • Su esposa fue la célebre reina Nefertiti.
  • Su acercamiento a una forma de monoteísmo ha llevado a numerosos autores a especular sobre una posible influencia o conexión con las ideas religiosas hebreas de la época.

Manetón, Josefo y las fuentes antiguas

El sacerdote e historiador egipcio Manetón (siglo III a.C.) es una de las fuentes antiguas más citadas sobre la cronología de los faraones, aunque su relación con el historiador judío Flavio Josefo (siglo I d.C.) fue de cierta rivalidad, como también les comenté. Aun así, otros historiadores antiguos, como Eusebio de Cesarea, recurrieron también a los datos de Manetón. Y me parece curioso señalarles que tanto Manetón como el sacerdote Queremón (siglo I d.C.) identificaron al faraón del Éxodo con el nombre de «Amenofis.»

¿Por qué no fue Ramsés?

Sé que la teoría más popular en el cine y en la cultura general ubica el Éxodo en tiempos de Ramsés II. Sin embargo, quiero plantearles dos objeciones importantes que me parecen decisivas:

  1. El texto bíblico de Éxodo 1:11 menciona la construcción de la ciudad de Ramsés, no a un faraón llamado así. Dado que existieron múltiples faraones con ese nombre (Ramsés I, II, III, etc.), no podemos asumir automáticamente que el nombre de la ciudad señale al faraón reinante.
  2. El problema de Jericó: según el relato bíblico, tras 40 años en el desierto, los israelitas cruzaron el Jordán y destruyeron la ciudad de Jericó. La evidencia arqueológica indica que Jericó ya había sido destruida unos 200 años antes de la fecha correspondiente al reinado de Ramsés. En cambio, esa destrucción coincide de manera mucho más consistente con la fecha que obtuvimos a partir de 1 Reyes 6:1 (dinastía de Tutmosis/Amenofis).

Conclusión

Para cerrar esta clase, quiero decirles que, si bien existen distintas posturas y un grado inevitable de incertidumbre al traducir las fechas egipcias a nuestro calendario, considero que el texto de 1 Reyes 6:1 nos ofrece la referencia cronológica más sólida y coherente para ubicar el Éxodo alrededor del año 1446 a.C., durante la dinastía 18 de Egipto. Los perfiles históricos de faraones como Amenofis II, Tutmosis IV y Akenatón —marcados por rasgos de crueldad, sucesión no primogénita, y hasta una curiosa tendencia religiosa monoteísta— nos ofrecen coincidencias notables con los relatos bíblicos, aunque reconozco con toda honestidad que la certeza absoluta sobre la identidad exacta del faraón permanece, hasta hoy, como un tema abierto a la investigación histórica y arqueológica.

Como siempre les digo, lo importante no es tener todas las respuestas cerradas, sino seguir escudriñando las Escrituras con fe y con rigor, sabiendo que la historia y la Palabra de Dios, bien entendidas, no se contradicen.


Pastor Luis Herrera G. Resumen de la clase 5 de nuestro estudio bíblico sobre «Éxodo – Bitácoras.»

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